SI NO HAS VISTO LA SÉPTIMA TEMPORADA DE DEXTER, NO SIGAS LEYENDO.
En la séptima temporada de Dexter, su protagonista establece una relación amorosa con Hanna Mckay, una sensual y presunta asesina implicada en un caso de la Policía Metropolitana de Miami.
Hanna, tuvo una difícil infancia marcada por un padre con problemas con el juego y el alcohol, capaz de lanzarla a aguas profundas para que aprendiera a nadar o dejarla encerrada 3 días en una habitación de hotel para poder participar en un torneo de póker.
Tras años sin saber de él por el tiempo pasado en la cárcel, vuelve a aparecer en su vida como un hombre renovado que pretende ganarse honradamente la vida con un restaurante de langostas. El agudo olfato de Dexter, le hace darse cuenta rápidamente que todo es un montaje cuando el problemático progenitor pidió una importante suma de dinero, por lo que advierte a Hanna de lo que a su parecer eran las verdaderas intenciones de su padre. Ante esta advertencia, su misteriosa amante reaccionó poniéndose a la defensiva y atacando despectivamente a su contertulio intentando herirle donde más le podría doler.
Poco después de haber recibido un no por respuesta y completamente borracho, el padre de Hanna destrozó con su furgoneta el preciado invernadero de su hija, la culpó por la muerte de su madre, y para asegurarse de recibir el dinero que necesitaba chantajeó a la pareja afirmando que de no recibir el dinero iría a la policía con pruebas que la mandarían directamente a la cárcel.
Ante tan contundentes evidencias, Hanna se rindió a la realidad y se disculpó ante Dexter diciéndole que no sabía por qué se aferraba a la idea de que su padre en el fondo era buena persona. Su respuesta fue cruda y acertada cual latigazo con guante de seda:
Tal vez piensas que en el fondo es buena persona porque la realidad de que no lo es, es mucho más difícil de asimilar.
Evidentemente, en la vida hay matices que van mucho más allá del blanco y el negro, y cada situación es un mundo completamente distinto a los demás, pero hay una certeza que por su contundencia conviene resaltar... A veces no hay más ciego que aquel que no quiere ver.
Fotografía con licencia CC cortesía de Viri G.
