Desde que allá por 2005 comenzara mi andadura por el mundo de las series de televisión con una perspectiva más voraz, he podido comprobar cómo muchas de ellas tras llegar a una inexpugnable cumbre caían al más profundo de los abismos. Ejemplo de ello podrían ser series como "Prison Break" o "Héroes", que con comienzos espectaculares y prometedores consiguieron lograr la difícil tarea de hacerse con la fidelidad de millones de seguidores que con posterioridad y por unos motivos u otros, se sintieron decepcionados ante el quizá precipitado y decepcionante devenir de episodios.
La verdad es que no tiene por qué tener mucho que ver con lo que trataré hoy en el actual pasaje (o sí), pero al analizar este hecho me viene a la cabeza el primer episodio de "Los Caballeros del Zodiaco" , en el que además de presentar la que se presumía como trama principal, explicaba la más inmediata procedencia de su protagonista:
Desde que era un niño, Seiya recibió un durísimo entrenamiento para tener alguna opción por competir por la legendaria armadura de Pegaso, que a su vez se le prometía como la única forma de volver a Japón e intentar localizar a su hermana participando en el laureado Torneo Galáctico. Pero para poder hacerlo, previamente y siendo prácticamente un adolescente, tendría que ser el mejor entre 1024 guerreros que lucharían hasta la muerte por conseguir la ansiada armadura.
Con gran esmero fue avanzando en tan dura campaña, y tras muchos combates solo quedaba un rival por vencer: el titán Casio, que además de tener una descomunal fuerza y triplicar su tamaño, comenzó la lucha a destiempo cobrando una considerable ventaja. A pesar de ello, Seiya resultó vencedor, y su alegría y entusiasmo fueron tan significativos que llamaron la atención del hasta entonces sobrio y honorable Patriarca.
Con gran esmero fue avanzando en tan dura campaña, y tras muchos combates solo quedaba un rival por vencer: el titán Casio, que además de tener una descomunal fuerza y triplicar su tamaño, comenzó la lucha a destiempo cobrando una considerable ventaja. A pesar de ello, Seiya resultó vencedor, y su alegría y entusiasmo fueron tan significativos que llamaron la atención del hasta entonces sobrio y honorable Patriarca.
Lo había conseguido; todo el esfuerzo durante tantos años había dado su fruto, y puesto que ardía en deseos de verse cubierto como un Caballero de Bronce, en la primera ocasión que tuvo se vistió con su nueva coraza liberando un inmenso poder consecuencia de su ilusión, el cosmos y su alma de guerrero. Sin embargo, poco después tuvo que enfrentarse a Shaina de Ofiuco, y tras recibir varios y brutales golpes el joven japonés empezó a notar que su poder no era el esperado, y que además, su nueva armadura le resultaba muy pesada, por lo que no podía realizar sus movimientos con la rapidez y agilidad a la que estaba acostumbrado. Agotado, y prácticamente derrotado, se preguntaba por qué si con esa armadura debería ser el más fuerte, resultaba para él más un estorbo y una significativa limitación que dificultaba su habilidad en el lucha.
Fue entonces cuando su Maestra (Marin) le recordó todo el poder que había desplegado al ponerse la armadura por primera vez, y que éste era fruto de su ilusión y entusiasmo por ser el caballero de Pegaso, que en su momento ejercieron de mecha para prender su cosmos con la armadura como catalizador.
Fue entonces cuando su Maestra (Marin) le recordó todo el poder que había desplegado al ponerse la armadura por primera vez, y que éste era fruto de su ilusión y entusiasmo por ser el caballero de Pegaso, que en su momento ejercieron de mecha para prender su cosmos con la armadura como catalizador.
Encontrar el amor, conseguir el trabajo de tu vida, llevar a cabo un esperado e ilusionante proyecto... de perder la ilusión y olvidarnos de nuestra pasión de guerrero todo puede llegar a convertirse en una pesada y obsoleta armadura, pudiendo hacer que el más grande de nuestros logros...
... se convierta en el más rotundo de nuestros fracasos.
Como suele decirse, lo difícil no es llegar, sino mantenerse. Así que reinventa, investiga, cambia... pero jamás pierdas tu fuerza interior, y como Pegaso,...
¡libera todo tu cosmos con el fuego que todavía arde en tu alma de guerrero!
Imagen con licencia libre cortesía de Alejo Concheso Calvo.

