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jueves, 5 de diciembre de 2013

La Ilusión del Guerrero


Desde que allá por 2005 comenzara mi andadura por el mundo de las series de televisión con una perspectiva más voraz, he podido comprobar cómo muchas de ellas tras llegar a una inexpugnable cumbre caían al más profundo de los abismos. Ejemplo de ello podrían ser series como "Prison Break" o "Héroes", que con comienzos espectaculares y prometedores consiguieron lograr la difícil tarea de hacerse con la fidelidad de millones de seguidores que con posterioridad y por unos motivos u otros, se sintieron decepcionados ante el quizá precipitado y decepcionante devenir de episodios.

La verdad es que no tiene por qué tener mucho que ver con lo que trataré hoy en el actual pasaje (o sí), pero al analizar este hecho me viene a la cabeza el primer episodio de "Los Caballeros del Zodiaco" , en el que además de presentar la que se presumía como trama principal, explicaba la más inmediata procedencia de su protagonista: 

Desde que era un niño, Seiya recibió un durísimo entrenamiento para tener alguna opción por competir por la legendaria armadura de Pegaso, que a su vez se le prometía como la única forma de volver a Japón e intentar localizar a su hermana participando en el laureado Torneo Galáctico. Pero para poder hacerlo, previamente y siendo prácticamente un adolescente, tendría que ser el mejor entre 1024 guerreros que lucharían hasta la muerte por conseguir la ansiada armadura.
Con gran esmero fue avanzando en tan dura campaña, y tras muchos combates solo quedaba un rival por vencer: el titán Casio, que además de tener una descomunal fuerza y triplicar su tamaño, comenzó la lucha a destiempo cobrando una considerable ventaja. A pesar de ello, Seiya resultó vencedor, y su alegría y entusiasmo fueron tan significativos que llamaron la atención del hasta entonces sobrio y honorable Patriarca.

Lo había conseguido; todo el esfuerzo durante tantos años había dado su fruto, y puesto que ardía en deseos de verse cubierto como un Caballero de Bronce, en la primera ocasión que tuvo se vistió con su nueva coraza liberando un inmenso poder consecuencia de su ilusión, el cosmos y su alma de guerrero. Sin embargo, poco después tuvo que enfrentarse a Shaina de Ofiuco, y tras recibir varios y brutales golpes el joven japonés empezó a notar que su poder no era el esperado, y que además, su nueva armadura le resultaba muy pesada, por lo que no podía realizar sus movimientos con la rapidez y agilidad a la que estaba acostumbrado. Agotado, y prácticamente derrotado, se preguntaba por qué si con esa armadura debería ser el más fuerte, resultaba para él más un estorbo y una significativa limitación que dificultaba su habilidad en el lucha.

Fue entonces cuando su Maestra (Marin) le recordó todo el poder que había desplegado al ponerse la armadura por primera vez, y que éste era fruto de su ilusión y entusiasmo por ser el caballero de Pegaso, que en su momento ejercieron de mecha para prender su cosmos con la armadura como catalizador.

Encontrar el amor, conseguir el trabajo de tu vida, llevar a cabo un esperado e ilusionante proyecto... de perder la ilusión y olvidarnos de nuestra pasión de guerrero todo puede llegar a convertirse en una pesada y obsoleta armadura, pudiendo hacer que el más grande de nuestros logros...

... se convierta en el más rotundo de nuestros fracasos.

Como suele decirse, lo difícil no es llegar, sino mantenerse. Así que reinventa, investiga, cambia... pero  jamás pierdas tu fuerza interior, y como Pegaso,...

¡libera todo tu cosmos con el fuego que todavía arde en tu alma de guerrero!

Imagen con licencia libre cortesía de Alejo Concheso Calvo.

jueves, 25 de octubre de 2012

Los ojos del Dragón

Cuando miro atrás y reviso las publicaciones de este blog, me doy cuenta de la importancia que de forma inconsciente transfieren mis pasajes al sentido de la vista. El motivo se podría interpretar de muchísimas formas, pero me gustaría destacar que el mencionado sentido es quizás aquél del que más consciencia solemos tener, y por ello, en ocasiones necesitamos dejar de usarlo para darnos cuenta de la importancia que tienen los demás.

A lo largo de los pasajes he hablado sobre Daredevil, el Caballero del Dragón, y un personaje que pese a no estar físicamente ciego debía hacer un mejor uso de su agudeza visual... el luchador hindú llamado Nam. Los tres han sido personajes que me han llamado la atención, pero sin lugar a dudas, el Dragón es por diferentes motivos el protagonista del pasaje de hoy.


Al poco tiempo de perder la vista frente a Medusa, el caballero del Dragón valoró todo lo positivo que le quedaba y desarrolló todas sus cualidades restantes para superar la dificultad que su ceguera le acarreaba en el combate. A pesar de ello, todos sus compañeros estaban muy preocupados por encontrar la forma de que recuperara la visión, y uno de ellos mencionó que en cierta montaña se podía encontrar un agua milagrosa que curaba cualquier tipo de enfermedad. Siryiu insistió en que no era necesario que trajeran dicho agua porque lo había aceptado y se encontraba muy feliz de poder seguir con vida y en compañía de sus amigos, pero a pesar de ello, Seiya, Caballero de Pegaso, fue en busca del agua curativa. En esta empresa tuvo que superar grandes dificultades y casi perdió la vida, y para colmo de los males cuando finalmente la aplicaron a los ojos del Dragón... no recuperó la visión. 

El desconcierto se apoderó de los Caballeros de Athenea, e intentaron encontrar una explicación a tal situación hasta que alguien comentó que el agua solo funciona si el que la usa realmente quiere curarse.

Miles de veces intentamos ayudar a los nuestros a superar sus problemas, solventar sus dificultades o levantar su ánimo cuando realmente ni necesitan, ni quieren nuestra ayuda. Por ello, cuando vayas a ayudar a alguien, espera que te llame y mira siempre a través de los ojos del dragón.

Imagen con licencia CC cortesía de mkratty.