En la actual etapa de mi vida, en la que me encuentro buscando lo mejor de años atrás, recuerdo que durante los noventa se generaron gran cantidad de prejuicios que todavía hoy perduran hacia una de las más creativas y entretenidas formas de ocio, y que además, han demostrado un considerable potencial didáctico: los juegos de rol, entre los cuales me centraré en Dungeons and Dragons.
Como posiblemente ya sabrás, antes de comenzar a jugar a D&D debes crear tu propio personaje, eligiendo raza, profesión, alineamiento, deidad... y haciendo una tirada de dados que te dará una puntuación a repartir entre diferentes cualidades como fuerza, habilidad, resistencia, inteligencia, carisma... Según la suerte que tengas y el reparto que hagas a continuación (unida a tu elección de tipo y raza) tu personaje adquirirá unas determinadas habilidades y podrá realizar ciertas acciones y por tanto conseguir (o no) determinados logros. Con el paso del tiempo y la experiencia, los personajes van subiendo de nivel y obteniendo por ello puntuaciones para repartir entre sus cualidades, de manera que por ejemplo un jugador puede hacer que su personaje se haga más fuerte o aprenda a manejar para el combate una espada en cada mano.
De esta forma, se puede dar la situación de que encuentres personajes que de primeras sean muy efectivos (como algunos guerreros) y que parecen obtener las mejores recompensas, y otros, que necesitarán subir varias veces de nivel para poder empezar a serlo (cosa que suele frustrar a los jóvenes magos) aunque puede que en un nivel avanzado sean mucho más poderosos y por tanto, capaces de alcanzar mayores logros que los primeros.
En la vida, ciertamente no podemos elegir raza, y la "tirada de puntuación" y el reparto inicial ya nos viene dado por nuestros padres y nuestro entorno, pero es a partir de ese momento cuando debemos ir acumulando experiencia para desarrollar nuestras cualidades según nos convenga y así adquirir habilidades para alcanzar las metas planteadas. Por nuestra condición y aprendizaje, unos llegan antes y otros después, pero lo realmente interesante es que una vez tengas desarrollada la habilidad, no dejes escapar oportunidades.
Por todo ello, te aconsejo que no consideres una oportunidad como desperdiciada si en el momento en que se te presentó no tenías desarrollada la habilidad necesaria para aprovecharla, pero si llegado el momento tienes un mago de nivel 10 capaz de lanzar bolas de fuego, te recomendaría que no dedicaras tu vida exclusivamente a leer libros de magia.
En la vida, ciertamente no podemos elegir raza, y la "tirada de puntuación" y el reparto inicial ya nos viene dado por nuestros padres y nuestro entorno, pero es a partir de ese momento cuando debemos ir acumulando experiencia para desarrollar nuestras cualidades según nos convenga y así adquirir habilidades para alcanzar las metas planteadas. Por nuestra condición y aprendizaje, unos llegan antes y otros después, pero lo realmente interesante es que una vez tengas desarrollada la habilidad, no dejes escapar oportunidades.
Por todo ello, te aconsejo que no consideres una oportunidad como desperdiciada si en el momento en que se te presentó no tenías desarrollada la habilidad necesaria para aprovecharla, pero si llegado el momento tienes un mago de nivel 10 capaz de lanzar bolas de fuego, te recomendaría que no dedicaras tu vida exclusivamente a leer libros de magia.
